Cuando nos encargó los créditos de su largometraje, Cristián Jiménez nos pidió una propuesta que tuviera que ver con los colores predominantes de la película, cada uno asociado a un personaje en particular. Eso, sumado a la ortogonalidad de los encuadres, sirvió de punto de partida para articular una propuesta muy simple:
una secuencia basada en un patrón diseñado para que dichos colores interactúen.